Julio Rodríguez: “Soy consciente de que soy un general objeto”

por Henrique Mariño

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Cuando a la hija pequeña de Julio Rodríguez (Ourense, 1948) le pidieron en el colegio que dibujara su casa, pintó una puerta y escribió encima: “Todo por la patria”. Aquel hogar era el Estado Mayor de la Defensa y su padre, el jefe. Piloto de caza, fue el primer Jemad que no juró sino que prometió el cargo. Hijo de militar franquista, lo apodan el General Rojo, pero él lo deja en progresista. En las elecciones del 20-D fue uno de los fichajes estrella de Podemos. No logró el escaño por Zaragoza, pero sí un castigo de las Fuerzas Armadas, que le quitó sueldo y honores por no ser neutral, aunque él ya había pedido pasar a retiro. Es culto, lector, antimilitarista y quizás sería un buen diputado, pero infelizmente perdió el tren del Congreso al no salir elegido por Almería el 26-J.

Pese a vivir toda su vida fuera, ¿ejerce de gallego?

Toda mi familia es de Ourense, pero mi padre era militar y, como no teníamos casa allí, he vivido siempre fuera: León, San Javier, Zaragoza, Valencia, Badajoz, Valladolid, Utrera, Morón, Sevilla, Múnich, Madrid… Los vínculos hacen que me sienta gallego. Mi abuelo emigró y mi padre nació en La Habana. Otros tíos fueron a Venezuela, a Brasil, a Nueva York… Yo nací en un balneario de las caldas, porque mi madre era de clase media alta. Estudió Magisterio en aquellos tiempos, aunque no ejerció porque no estaba bien visto. Mi padre se fue a Santiago a hacer Farmacia, donde lo pilló la guerra con dieciocho años. Se hizo alférez provisional y, luego, militar.

¿Pesó la profesión de su padre o entró en el Ejército para poder volar?

Algo pesa, porque vivíamos en un entorno muy cerrado, pero lo que me siempre me atrajo fue volar.

Una familia del bando nacional.

Claro, pero en mi casa nunca se habló de la guerra. El miedo impuso el silencio, porque una guerra civil es lo peor.

Corramos un tupido velo de cuarenta años, casi medio siglo si contamos hasta el 23-F.

Esa noche la gente revivió ese miedo y temió otra guerra civil. Durante unas horas de indecisión, nadie salió a la calle, algunos huyeron y se quemaron muchos papeles. Amigos de la Universidad vinieron a mi casa a refugiarse. Una casa de militar.

¿El futuro arrojará luz sobre una posible implicación del rey en el golpe?

Hubo varios golpes que se mezclaron. El blando de Armada, la dimisión de Suárez y el de un visionario como Tejero. No creo que haya documentos pendientes de desclasificar. Sabino Fernández Campo tenía mucho que decir, pero se calló.

Usted estaba en Manises.

Allí no había ninguna comunicación y la radio retransmitía marchas militares. Por onda corta, llegamos a escuchar que en Madrid no había golpe. Si hubieran cortado TVE, que anunciaba el discurso del rey, cundiría el pánico y tal vez se hubieran sumado algunos capitanes generales que dudaban [el comandante de su base aérea se negó y hasta llegó a amenazar con desplegar cazas para atacar la columna blindada que intentaba convencerlo].

¿Faltó poco?

Fue un golpe chabacano, y eso en política ocurre muchas veces: el factor tiempo y el factor suerte juegan un papel fundamental en procesos que parecen muy pensados y estudiados.

Y al revés: algunos actos parecen espontáneos, cuando detrás hay una estrategia meditada. Pensemos en el bebé de Carolina Bescansa durante la sesión de constitución del Congreso o en el beso de Pablo Iglesias durante el debate de investidura.

¿Crees que forma parte de una estrategia?

Podemos domina el tempo. Así lograron eclipsar la elección, por primera vez en la historia de España, de un presidente del Congreso que no pertenecía al partido más votado: Patxi López.

La interpretación es lógica, pero yo he viajado en campaña con Bescansa e iba siempre con su niña y su bebé. Lo hizo como un acto normal y a mí no me sorprendió. Han roto esquemas, empezando por el vestuario, pero la vieja política les ha tratado con mala educación, como si fuese una afrenta.

Hasta ahora, en las Cortes sólo podían vestir a su aire los fotógrafos.

Fíjate que, cuando Miguel Sebastián se quitó la corbata, José Bono llegó a apelar a las formas. Ahora, los diputados de Podemos han llevado nuevos aires al Congreso.

¿Llega usted al partido a través de su mujer?

No, eso lo publicó El Mundo. Siempre he sido votante de izquierdas y he tenido conciencia política y curiosidad intelectual. Me interesó desde su fundación y les voté en las elecciones europeas. Ella, por su parte, participó en el círculo de Majadahonda.

También le criticaron que, en su toma de posesión, prometiese pero no jurase el cargo.

Fue la primera vez que lo hizo un Jemad, pero yo ya lo había hecho como director general de Armamento y Material, pero eso no fue noticia. Te ponen una mesa con la Constitución, la biblia y el crucifijo… ¡Ya ves en qué país estamos!

Si el PSOE le hubiese ofrecido un puesto de salida y el Ministerio de Defensa, ¿hubiese aceptado?

Para nada. Ni pensaba participar en política. Podemos me ofreció en octubre el número dos por Zaragoza y respondí que no lo veía, porque me parecía que era tarde. Además, perdía dinero, incluso siendo diputado. En casa decidimos que no, pero le di vueltas y una semana después acepté. No sabía ni la provincia por la que iba a ir.

Si no existiera Podemos, usted no estaría en política…

Ni con Podemos tampoco. Alguien de la dirección pensó que mi participación aportaría valor añadido. Sin embargo, yo creía que mi tiempo había pasado. Quizás podría integrarme, una vez retirado, en un círculo. Me considero un privilegiado porque una generación más joven me haya invitado a participar. Si no me llegan a llamar de nuevo, hubiera seguido pegando carteles.

Ahora, como piloto, salta en paracaídas en Almería.

Allí no tengo nada. En Zaragoza, al menos, había estudiado. Como dice Max Aub, “uno es de donde hace el bachillerato”. Estoy implicado y habría ido el último, cerrando la lista. Me veo ilusionado, rejuvenecido y un poco egoísta, porque estoy haciendo algo por mis hijos. No defiendo mi opción como la mejor, pero me he reforzado desde que se metieron conmigo. Somos una sociedad democrática joven a la que le falta tolerancia. Hay gente que piensa que por nacer en el 2000 ya es demócrata. Y no, hay que educarse.

Entiendo que su padre era conservador.

Muy conservador. Mi padre no se adaptó a la democracia ni a nada. No era visceral, pero estaba completamente perdido para la causa.

¿Cómo nace usted demócrata?

Siempre se habla del proceso de acción-reacción.

Aunque en su caso, siendo militar, ese rebote es más extraño.

En mi casa no había muchas lecturas, pero un libro me va llevando a otro.

Y, cuando pilota un Mirage 3 y tiene que practicar con el simulador en Francia, entra en contacto con los libros de Ruedo Ibérico.

En París me iba a la Librairie Espagnole, en la Rue de Seine, y me compraba libros que no estaban autorizados en España, como El laberinto español, de Gerald Brenan; Historia de la guerra civil española, de Hugh Thomas; Historia de España, de Pierre Vilar… Mi biblioteca, comprada y leída por mí, tiene cinco mil libros, desde temática militar hasta socialista, pasando por literatura suramericana y española.

No llega a militar en la Unión Militar Democrática (UMD), pero simpatiza con ella.

En seguida los pillaron. No pertenecí a la UMD, porque no los conocía ni me llegaron a captar. No sabía que existían hasta que los detuvieron.

¿Cómo se desenvuelve un militar de izquierdas en un estamento reaccionario?

El Ejército del Aire siempre ha estado muy profesionalizado, mientras que el de Tierra no salía de los cuarteles y tenía poco material. En democracia, no hay ninguna contradicción entre ser un profesional y tener tus ideas políticas de izquierdas. Yo diferencio entre un Ejército golpista y otro democrático. Otra cosa es que las mentalidades no hayan cambiado, como se vio en el 23-F, con aquellos militares que se decían portadores de valores eternos.

¿Pero ha evolucionado el Ejército?

En los últimos veinte años, en nuestra sociedad se ha producido un ligero retroceso. En la Iglesia, en la época de Tarancón nadie imaginaba a un Rouco; en la época de Iniesta, nadie imaginaba a un Cañizares… Pues en las Fuerzas Armadas, desde Gutiérrez Mellado, pese a que entonces había mucho golpista, ha habido una regresión debido a la falta de cultura política. Hay personas con mucho título universitario y mucho máster que son verdaderas bestias; me da igual que se llamen Félix de Azúa o lo que sea. Ahora se trata de deslegitimar y demonizar al contrario en vez de debatir sobre las opciones. Algunos no nos quieren ni para ir a la esquina y, a nivel europeo, pretenden evitar a toda costa que lleguemos al Gobierno, porque España no es Grecia.

Un ataque inédito en democracia.

A finales de los setenta y en los ochenta, cuando era capitán, yo debatía con otros mandos sobre a quién íbamos a votar. No creo que ahora un militar se atreva a decir que vota a Podemos, porque el empleo se ha precarizado. En definitiva, hay miedo. Y la caverna ha vuelto a salir a la luz.

La caverna militar, quiere decir.

Sí, pero también hay caverna en las redes sociales. Me insulta gente cuando reivindico la palabra patriotismo, porque nos la han robado. En la izquierda hay pudor a utilizarla, pues te pueden asociar con la bandera. Para patriotas, los de Podemos, porque estamos con toda la gente.

Una bandera estigmatizada.

La derecha nos ha robado las palabras. Aquí, los que presumen de patriotas se llevan el dinero fuera de España.

¿Se puede ser militar y antimilitarista?

Perfectamente. Militarismo es la preponderancia del poder militar sobre el civil. Ser antimilitarista es ser constitucional, porque yo antepongo el poder civil al poder militar, aunque no estoy en contra de la existencia de las Fuerzas Armadas. Por otra parte, hay mucho militarista en la sociedad civil. Militarista puede ser Reagan, Bush u Hollande cuando utilizan el instrumento militar en política para hacer cosas que podrían hacer de otra manera.

¿Le resulta más complicado militar en Podemos que en el Ejército?

No. Cuando estaba en el Ejército, tenía que ser apartidista por ley, pero no apolítico. Cuando alguien me dice que es apolítico, me preocupa. Ahora que no soy un ciudadano de uniforme, elijo una opción con ilusión y presto un servicio público porque quiero dignificar la política. Podemos ha sabido leer la realidad, a diferencia de otros partidos. El PSOE estaba fuera y, cuando ha vuelto, se ha encontrado con que la gente ya se le había ido.

Tras dar un paso al frente, debe defender un programa con el que no comulga en su totalidad.

Sí, pero no hay tantas contradicciones. La gente debe leer los programas, donde te encuentras con propuestas distintas a los estereotipos. Como Podemos es un partido que quiere gobernar al día siguiente, hay medidas de sentido común.

La renta básica garantizada en un país mediterráneo y latino…

No sería algo general. Estamos entrando en una situación tan precaria que ya hay muchos economistas que piensan que con la robotización de la sociedad no va a haber empleo para todo el mundo.

Critican las relaciones de dirigentes de Podemos con Venezuela o Irán, pero luego el Gobierno vende armas y material militar a dictaduras o al propio Nicolás Maduro.

Tras la Segunda Guerra Mundial, la industria de guerra no se transformó en una industria de paz. El propio Obama ha dicho que uno de los principales opositores a que Estados Unidos no interviniese en Siria fue su lobby, o sea, su propio staff de Washington, que presiona a favor de la intervención militar. No basta con vender armas a un país que no está en guerra, porque se las puede vender a otros, hasta que van a parar al Estado Islámico, por ejemplo. Por eso, abogamos por la trazabilidad del armamento. La máxima Si vis pacem, para bellum es errónea. Si quieres la paz, no tienes que preparar la guerra, sino la paz. Para ello, hay que educar a la gente en las escuelas y en las academias militares. El militar es como un bombero que no quiere que haya fuego. A mí me gusta prevenir, no quiero que haya guerra. Los Ministerios de Defensa fueron Ministerios de la Guerra, por lo que ojalá que un día haya Ministerios de la Paz. Mientras, los policías, que eran ciudadanos con una porra en vez de con una pistola, ahora van acorazados y con gafas de visión nocturna. La estrategia del miedo ha mezclado la seguridad interna con la exterior, el terrorismo islámico con la inmigración…

¿No se ha hecho conservador con el paso del tiempo?

No. El día que deje de cabrearme, estaré envejeciendo. Cuanto más sé, más compleja veo la situación y más dudas tengo. Yo, que leía Triunfo y otras revistas de la Transición, me sorprendo con la evolución de Gabriel Albiac, Pío Moa o César Alonso de los Ríos. Yo no me he hecho más conservador. De hecho, si esto no sale, yo no voy para atrás. Me echo al monte [risas]. No digo que me haga maqui, pero casi… Thomas Piketty hace un estudio de la evolución del capitalismo y señala que la desigualdad crece cada vez más. La dificultad es encontrar una alternativa, porque la inicial, que era el comunismo, ha fracasado.

La prensa de papel está inoculando al lector que, si gobierna Podemos, el país se va al carajo.

Es terrible. Nos presentan como el desastre, pero el capital no es tonto. Recuerda que, durante la Transición, para hacer frente al PCE, Estados Unidos y la Internacional Socialista (presidida por Willy Brandt) financiaron primero al PSP de Tierno Galván, equivocándose, y luego directamente al PSOE. Fue cuando Felipe González dijo aquello de “No he recibido ni un duro, ni una peseta, ni de Flick ni de Flock” [en los años setenta, el empresario Friedrich Karl Flick sobornó a políticos alemanes de todos los colores a cambio de beneficios fiscales; la trama de corrupción salpicó al PSOE, puesto que la Fundación Friedrich Ebert, creada por el Partido Socialdemócrata de Alemania (SPD), financió a la emergente formación política de González con 2,7 millones de marcos, unos 150 millones de pesetas]. Si no es tonto, el capital, que se sacó a Ciudadanos de la manga cuando vio que el PP flojeaba, también tendrá que negociar con la izquierda.

¿Se siente cómodo con el pacto con Izquierda Unida?

Sí.

[Esta entrevista fue realizada antes de la campaña electoral, de ahí las preguntas en tiempo futuro sobre los resultados del 26-J] ¿Cree que restará votos a Podemos?

Me preocupan los mensajes de campaña, porque toman a la sociedad por tonta: Venezuela, el frentepopulismo, buenos y malos, el ceño fruncido… Pedro Sánchez se agarra a una imagen: “¿Te imaginas un presidente como Pablo Iglesias o a alguien como yo?”. En una sociedad que va al ritmo de 140 caracteres, parece que va calando. Soy consciente de que soy un general objeto, es decir, de que me han utilizado para borrar esa imagen de perroflautas. De ahí la idea de contar con gente como la magistrada Vicky Rosell o el juez en excedencia Juan Pedro Yllanes. También se tocó a más personas, pero quizás dijeron que no por el sueldo [los diputados de Podemos cobran un máximo de tres salarios mínimos, o sea, catorce pagas de 1.945 euros].

¿Está usted haciendo un sacrificio económico?

No exagerado, porque no ganaba 6.000 euros, pero sí que lo he hecho.

Ha sido apodado el General Rojo. ¿Orgulloso de compartir apellido con el general republicano Vicente Rojo?

Pues sí, porque fue un hombre valiente. Pero si el afán es peyorativo, para deslegitimar mi persona, mi opción es progresista. No quiero volver a la dicotomía rojo y azul. Me siento más cercano a personas valientes como Gutiérrez Mellado, que sufrió un acoso mediático muy fuerte, y a los militares de la UMD. No me puedo equiparar a gente que estuvo en una guerra, luego fue marginada y sufrió mucho.

¿Qué futuro le quiere dejar a sus cuatro nietos?

Soy egoísta, porque lo hago por ellos. Hay que cambiar este país. En mi época, pensábamos en tener un empleo seguro. Nadie concebía que si alguien estudiaba fuese a ir al paro. Ahora, mi hijo arquitecto y su pareja farmacéutica están en paro o tienen empleos precarios. Hay una generación que está viviendo en la incertidumbre.

Cuando ya podía estar tranquilo regando plantas, se mete en esto.

Hay gente que me para por la calle y me llama valiente.

¿Un sueño futuro?

Estos últimos cuatro años he cuidado a mi familia, he profundizado en mis lecturas, he asistido a tertulias y me he dedicado a cultivarme. No me considero nadie, pero mi sueño sería que este grano de arena hubiera hecho despertar a mucha gente. La sociedad debe movilizarse: si nos recortan los derechos es porque la sociedad cede. Comentas que ahora podría estar tranquilo… Desde que entré en política, me atacan a mí y también van a por mi mujer, porque buscan que me rinda. No tengo vocación de héroe, pero no lo conseguirán, porque pretenden precisamente eso. Intentan minar, uno a uno, nuestras voluntades. A quien va a la huelga le quitan dinero, a quien se moviliza lo acusan de participar en una manifestación ilegal…

¿Algo que le quede por hacer?

Viajar con los míos, pero sería una vida placentera, de jubilado. He tenido siempre pocos recursos económicos y, pese a ello, he sido feliz, porque no he extrañado ni anhelado el dinero. Ahora me satisfaría que el país fuese a mejor. Luego, una vez retirado, me bastaría con leer un libro frente al mar o en el monte, lejos del follón de Madrid.

Cuando se levante de la mesa y vuelva a su casa, ¿me habré despedido del próximo ministro de Defensa?

No, porque probablemente causaría más problemas que otro… Si dependiese de mí, no me nombraría. Para el cargo, hay que tener sentido común. El ministro de Defensa no tiene que ser el mejor militar, al igual que el de Sanidad no tiene que ser el mejor médico ni el de Educación, el mejor profesor. Elegiría a una persona que no produjera heridas en las Fuerzas Armadas, porque hay militares que consideran que irme a Podemos fue una traición. Yo ya tengo 68 años y hace falta un Gobierno joven, al que yo estaré ahí apoyando.

Si le ofrecieran el cargo, ¿diría que no?

Diría lo que estoy diciendo, y lo argumentaría. Como argumenté que no me veía participando en política, aunque luego me convencieron. Si alguien piensa que yo proporciono valor añadido, sí, pero pondría las pegas que acabo de comentar.

La primera pregunta que le formulé fue si ejercía de gallego y he visto, ahora que se acerca el final de la entrevista, que sí lo hace.

Probablemente, alguien me considerará así. Un piloto de caza y combate está solo en un avión y debe tomar las decisiones rápido y bien, porque si no te quedas sin combustible o te la pegas. Eso me ha ayudado mucho en mis puestos de gestión. He preferido tomar una decisión equivocada y corregirla que no tomarla. Si empiezas a dudar, malo. Y, en ese sentido, me he acostumbrado a no ejercer de gallego porque tengo una visión pragmática. Por ejemplo, si alguien me manda a los cuarteles de Almería, Zaragoza o Marín para ganar más votos entre los militares, no saco ni uno. Se habría equivocado. Lo importante para un ministro es rodearse de un buen equipo, no saberlo todo sobre Defensa. Y no creo que yo fuera el mejor ministro en el primer Gobierno de Podemos.

¿Cree que no hay militares que votarán a Podemos?

Claro que sí, lo que pasa es que no lo dicen. El Ejército es una institución conservadora compuesta por oficiales, suboficiales y una tropa de 40.000 soldados profesionales. Entre ellos, también hay gente ilusionada con Podemos, porque las Fuerzas Armadas salen de la sociedad. Pero si les pido que levanten la mano, no lo hacen, porque no les merece la pena. Mañana pueden cambiar de destino o quieren otra plaza y no se la dan. Sucede lo mismo en las empresas, donde hay contratos precarios y los trabajadores se arriesgan a que no se los renueven.

Sea como fuere, usted puede arrastrar votos.

Sí. Cuando el 23-F, muchos militares se acercaban a mí y me decían: “Dime qué libros puedo leer”. Se sentían engañados. Ahora, me dicen que les hice despertar muchas inquietudes cuando he hablado sobre antimilitarismo y otros temas. Les obligué a pensar y a ver que hay otras opciones. Pero cuando voy a debates y llega la ronda de preguntas, me doy cuenta de que queda mucho por hacer, porque la gente todavía tiene demasiados prejuicios. “¿Crees que hay muchos militares como tú?”, me preguntan, pues no se lo creen. “Tú pareces un tío majo, pero el resto brrrr…”.

Foto: Toni Juliá.

(Publicado en la revista Luzes en julio de 2016. Puedes comprarla o suscribirte aquí)

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