Poli Díaz: “La persona que mejor se portó conmigo fui yo”

por Henrique Mariño

 

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Un chaval de barrio obrero que iba para delincuente se redime a través del boxeo y consigue acaparar la atención de la España felipista durante su asalto al título de campeón del mundo. Poli Díaz (Madrid, 1967) tenía 23 años y una cuesta abajo por delante: tras su derrota en Norfolk contra Pernell Whitaker, el púgil español más mediático de todos los tiempos pasó de acumular cinturones (siete nacionales y ocho europeos) a alquilar a toxicómanos una tienda de campaña en un poblado chabolista a cambio de una dosis.

Pero El Potro de Vallecas rehúye las preguntas que remiten a su viaje por el lado salvaje de su biografía, que para eso ya ha publicado un libro en el que lo cuenta todo: una infancia de necesidades, el amateurismo de bocata, la indomable cresta de la ola, la calma de la coca y la furia del caballo, el actor porno desbocado y las broncas que hicieron que diese con sus huesos en la cárcel.

Como antes de subirse al ring, cuando no bebía ni siquiera fumaba, ahora lucha por espantar esos fantasmas y ganarse el pan impartiendo cursos de boxeo. Por eso, ha ajustado cuentas con el pasado en A golpes con la vida (Espasa). Sólo quiere vivir tranquilo con su chica en su barrio de siempre, donde en aquellos maravillosos años saludaba diciendo: “Buenos días, soy Poli Díaz y pego hostias como tranvías”.

¿Dan más golpes los tópicos o la vida?

La vida, claro.

¿Y duele más subir al ring o que cuenten mentiras sobre uno?

Las mentiras joden mucho.

Fue un héroe de barrio en una Vallecas donde campaba la heroína. La cosa, en el sur de Madrid, estaría fina cuando era joven…

A tope.

¿Perdió a algún amigo?

Hay gente que se pierde. Pero no quiero hablar siempre de lo mismo. Contra más sepan de eso, más droga van a pasar. Y no me apetece dar publicidad para que vendan tanta.

En sus primeros combates, la guita escaseaba.

No era una cuestión de dinero. Quería boxear para poder viajar.

En cambio, con Whitaker se llevó una buena bolsa.

La gente está muy confundida. Durante los combates europeos también gané dinero. De hecho, pude comprarme mi primer piso.

Al principio se pasaba el día entrenando y trabajando como albañil. Alguna chica por ahí también habría, ¿no?

Si no tenía edad para estar con chavalas… A los diecisiete años, no piensas en eso, sólo en trabajar y jugar.

Cuando se proclamó por vez primera campeón de España en 1986, le dieron un cinturón con pollo

Tenía el escudo del águila de Franco. ¿Tú ves eso normal en una Federación? ¿No le daba vergüenza entregar una chapa barata con aguilucho?

Mucho no le duró porque se la dio a su preparador, Ricardo Sánchez Atocha.

Sí, pero paso de hablar de ese señor. Para mí no es nadie. Una cosa podrida.

Vamos, que la persona del mundillo que mejor le trató fue el empresario Enrique Sarasola.

El que mejor se portó conmigo fui yo, que era el que tenía que estar arriba y pegarme. Quien tenía que cuidarme era yo. Quien tenía que trabajar y correr era yo. Nadie lo hizo por mí.

Pero le montó una promotora y, además, usted siempre ha hablado bien de él.

Era un tío de puta madre. En cambio, cuando disputé mi primera pelea por el título de campeón de Europa contra Di Lorenzi, no puso el dinero para que se celebrase en España. En su momento me ayudó mucho, sobre todo como amiguete y relaciones públicas, presentándome a gente famosa y tal. Pero, a la hora de pelear, el que se pegaba era yo… y con rivales difíciles.

Usted, políticamente…

¿Cómo políticamente?

¿Le es igual el PP, el PSOE o…?

A mí me suda el nabo todo. Me es igual. Yo tengo que trabajar para mí, ni el PSOE ni nadie me han ayudado.

“Tenemos un rey que no nos merecemos”.

Me cae muy bien. Es muy majo y muy buena gente. Le he vacilado muchas veces. “¿Qué, rey, nos damos unos puñetazos?”.

¿Le parece bien que la corona se herede?

Si existe la monarquía, por algo será. Yo lo que digo es que si pagan a gente como la Duquesa de Alba por sus títulos, ¿por qué no me pagan a mí, que también los tengo? Mejor los habré ganado yo, ¿o no?

Fue un boxeador oportunista: dejaba flancos descubiertos para buscar un descuido del rival y luego atizarle.

Le ponía el cepo [cebo] para que picara.

En realidad, aprendió a boxear solo.

Sí, uno aprende mutuamente solo.

Le molestaba que El País no informase de boxeo mientras que Canal+, que pertenecía al mismo grupo, emitía las grandes peleas de Tyson pero no las suyas.

Si saben que hay dinero, lo ponen. Es como los videojuegos de combates para los críos, donde no hacen más que pegarse. ¿Cómo se llama eso? Esepé [PSP]… su puta madre. Tenían que estar prohibidos. Es como los coches sin carné: ¿tú ves normal que alguien sin carné se ponga a conducir? ¿Y si mata a alguien?

De hecho, cuando Whitaker, en Estados Unidos estaba prohibido anunciar alcohol y, por ello, en el precio de la entrada estaba incluida la multa…

Sí, pero de eso no quiero ni hablar.

¿Por qué le decepcionó el estadounidense?

No fue así. Él me ganó, fue mejor que yo. Pero los que no saben de boxeo no tienen ni puta idea o no se enteran.

¿Fue una encerrona?

El árbitro y otros le ayudaron un poquito… Tendrían que haberlo expulsado después empujar al árbitro.

¿Cómo se pelea con una costilla rota?

Tiré p’alante porque estaba caliente. Pero sí, al respirar dolía…

Luego, al volver de EEUU tras el combate, cada vez que iba al banco, sacaba mazos de medio millón de pesetas.

Cuando no dormía, sacaba dinero. Cuando dormía, pues no lo sacaba. Lo gasté y ya está. No quiero volver a esos malos recuerdos, para eso he publicado el libro. Deberías leértelo.

Claro, pero estas preguntas están hechas a partir del libro.

Y las contestaciones, también.

Después de dos años, se quedó “sin rubia, sin dinero y sin amigos”.

Me duró más de dos años.

Paradojas de la vida, se enganchó a la heroína cuando no le quedaba dinero.

Sí, pero bueno… Eso está pasado. Por contestar a estas preguntas, en otro lado me pagarían dinero, ¿sabes?

Entonces no le pregunto por las películas…

Puedes hacerlo.

Dice que lo de actor porno se le dio “bastante bien”. El título de la primera, El Potro se desboca, era bueno, no sé la película.

Estoy avergonzado de haber hecho eso. Era joven y punto.

Ha dicho que, si no fuese por el boxeo, habría sido un delincuente.

Podría haberlo sido.

¿Qué especialidad?

¿De delincuente? Ninguna. Eran cosas en las que sólo piensa un crío.

Cuando cayó en la heroína, llegó a alquilar a toxicómanos una tienda de campaña en La Rosilla.

Sí… Contando esas cosas podría hacer caja en otro lado y no voy a decirlas aquí, por la cara.

¿El suicidio de Urtain no fue un toque de atención? ¿Qué pensó cuando se mató?

No sé, hay gente que no es Urtain y se ha suicidado. No hace falta ser boxeador, hay hombres de negocios que se ven en la ruina y luego…

Sarasola fue como un padre. ¿Quién ejerció de madre?

No, no hubo ninguna mujer en mi vida.

Pero Eva, su pareja…

Sí, me apoya, pero no quiero darle tanta cancha.

¿Cómo se entendía con Mickey Rourke en sus noches vallecanas?

Él chapurreaba italiano. Íbamos de un lado para otro y ya está.

¿Qué mejor recuerdo guarda de su vida?

Haber nacido.

¿Pero su infancia tampoco fue…?

Fue la infancia de cualquier chico de barrio.

Foto: Paola Manfredi. (Publicado en la revista DT en junio de 2013)

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