Jaime Urrutia: “Gabinete hablaba de Soria mientras Mecano hablaba de Nueva York”

por Henrique Mariño

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Aunque la foto de portada del último disco de Jaime Urrutia, El muchacho eléctrico, daría para un sesudo análisis a pie de barra, nuestro encuentro con el excantante de Gabinete Caligari está motivado por un póquer de interrogantes menos prosaico. Uno: ¿por qué Gabinete forma parte de la historia del pop-rock soriano y, por extensión, español? Dos: ¿por qué Gabinete cae en el olvido y, años después, su líder las pasa canutas para editar un disco en solitario? Tres: ¿de quién fue la culpa? Cuatro: ¿qué tiene que ver Jaime Urrutia con la movida viguesa? Cinco: ¿por qué Gabinete hablaba de Soria mientras Mecano le cantaba a Nueva York? Sobre la mesa de la disquera que edita los álbumes de este castizo crooner reposa un ejemplar de la revista especializada Mondo Sonoro. En portada, sorprendentemente, un grupo andaluz con ínfulas planetarias. Antes de que enseñe sus naipes y desvele las respuestas, otra pregunta.

¿No le llama la atención ver a Lori Meyers en la portada de Mondo Sonoro?

¿Quiénes?

Un grupo de Granada apadrinado por Los Planetas. ¿Los conoce?

Sí, me gustan, pero hace mucho que no sigo las novedades.

¿Se refiere a música contemporánea?

Sí, aunque de vez en cuando recurro a los clásicos. Terminé un poco harto de la movidilla musical y dedico todas las neuronas que me quedan a mi música.

¿Murió Gabinete de sobredosis?

No tenía ilusión. Estuvimos dieciocho años y, buf, dimos todo lo que teníamos que dar. Además, estábamos abrasando el nombre.

¿Cómo fue el proceso de su aparición en solitario?

El problema no se dio a nivel creativo, sino a la hora de conseguir un contrato discográfico, porque las compañías pensaban que Gabinete ya lo había dicho todo. Cuando decidí hacer unas maquetas, un mánager que confió en mí las movió por discográficas, hasta que Dro aceptó. El proceso fue más duro de lo que me esperaba. Gabinete era una marca conocida, pero el gran público no sabía quién es Jaime Urrutia. La sensación fue mala.

¿Por qué se ha tomado tres años para grabar su segundo disco?

No lo necesitaba, pero si tardo cinco, la gente se olvida de ti. Si el anterior hubiese vendido medio millón de copias, urgiría más. Nos pasó a Gabinete y le pasa a Amaral. Me contaba Juan Aguirre que la compañía les apremió para que sacasen un nuevo álbum. Es lógico que aprovechen el tirón y no lo dejen pasar.

¿Y en su caso?

Nosotros, después de Camino Soria, publicamos Privado. Cuando lo escuché años después, me di cuenta de que fue hecho muy deprisa.

¿En qué lo nota?

Es fácil publicar discos malos, pero no hacer canciones. Cada vez, me cuesta más decir cosas sin repetirme.

¿Qué hizo desde que se separó Gabinete hasta que volvió?

Me reivindicó mucha gente como Bunbury o Calamaro. Con Enrique estuve de gira y Andrés me llamó para hacer conciertos. Fue bonito. También hice maquetas con la idea de crear un disco en solitario.

Su amigo Bunbury presta su voz en Nadie por aquí.

Sí, la canción le viene muy bien. En el disco anterior, Loquillo, Calamaro, Ariel Rot y él me dijeron que podía contar con ellos para lo que quisiera. Como era mi debut, no quise que hubiese colaboraciones ni depender de que nadie cantase conmigo.

¿Le ha sorprendido su espantá en plena gira?

Sí. Lo puedo entender, pero no lo voy a juzgar. Hubo gente que ha entendido que se retira de la música, cuando no es así. Enrique es un tipo que no para. Lleva de gira siete años, porque cuando no está aquí anda por Sudamérica y Centroamérica. Supongo que tenía estrés y se hartó. Además, querrá cambiar de banda.

¿Es más de Héroes o de Bunbury?

Me gusta en solitario. Héroes hacía un rock que tiraba hacia el heavy y, aunque me interesaban algunas canciones puntuales, no comparto ese tipo de música.

¿Le parece menos creativa esta etapa musical?

En general, sí, pero tampoco lo veo tan negativo y negro. Gente como Amaral está bien.

¿No se ha planteado pasarse a la producción o aledaños?

No me gusta eso, sino componer canciones. El directo está muy bien pero cansa mucho, sobre todo a medida que te haces mayor. Hay que saber retirarse a tiempo.

Consiguieron ser populares pero también de culto.

Eso es lo que se pretende, aunque resulta muy difícil. Por ejemplo, hubo fans de Gabinete que, cuando nos hicimos populares y le gustábamos a las marujas, se apartaron del camino.

Usted creó estilo y ahora no sigue mucho las corrientes. ¿Funciona a 125 o a 220?

Está claro por dónde me muevo. Una carrera larga pero a velocidad lenta. No soy un artista al uso. Quizás de culto, aunque hicimos un par de discos de Gabinete que nos hicieron famosos, sobre todo a raíz de La culpa fue del cha-cha-chá.

¿Se ha reído con sus imitaciones?

Sí, y llega un momento en el que te das cuenta del poder que tiene la televisión. Martes y Trece creó una secuela que se hizo un poco molesta, pero la primera vez me pareció cojonuda.

Pero usted también recurre a la caricatura, como en la canción Maribel, sobre una oronda mujer.

Es un personaje, no una caricatura. Habla de la anorexia, un problema social gordísimo. En el fondo, estás emitiendo un mensaje positivo: me gusta como eres, quédate así, no te amargues la vida…

¿Le interesa el rock o se siente más cómodo cuando abarca otros palos?

El rock siempre está ahí. Desde Clases de rock’n’roll, donde nombro a mis fetiches, a Saca tu culo de aquí. Me gusta tocar todo tipo de palos, algo que ya hacíamos con Gabinete. Camino Soria era un medio tiempo, más pop. Me gusta la música brasileira, como se ve en Maribel o Dame más. También Caetano Veloso, por su melodía y ritmo.

¿Ha escuchado a su hijo Moreno?

No, pero he oído hablar de él. El padre es mucho padre.

Pues fusiona bossa y música electrónica.

Algo que, a pesar de no haber tanta electrónica, hizo también el padre en los años sesenta. Su movimiento tropicalista supuso una revolución, pero también ha cantado canciones del folclore español, como el Cucurrucucú. Cuando lo vi en concierto, me quedé impresionado y le pasé el disco.

¿Vivió la movida viguesa?

Estuvimos alguna vez. Había mucho cachondeo y me recordaba mucho a la madrileña. Yo fui en el tren de la movida que partió de Madrid a Vigo, donde se celebraban muchos actos culturales. Estábamos Gabinete, que tocaba con Siniestro Total y Los Nikis. Además, nos acompañaban Malevaje y Joaquín Leguina. Fue una movida gorda. En Vigo surgieron grupos que lo hacían realmente bien y el público entendía y tenía mucho interés.

Forma parte de una generación de grupos cuyos cantantes se lo han montado en solitario.

Desde Antonio Vega a Santiago Auserón, pasando por Nacho García Vega o Andrés Calamaro, todos lo han hecho. Eso demuestra que no íbamos de mentira: somos compositores que hacemos canciones.

¿Por qué no ha sido fácil volver a entrar en la industria?

A Gabinete, en sus últimos tiempos, ya nos cerraron todas las puertas. Es lógico: The Beatles estuvieron nueve años; nosotros, dieciocho. El pop está dirigido a gente joven y es muy televisivo, por lo que se piden caras nuevas. Fue un rollo comercial y auténtico al mismo tiempo, hasta que ya no entrábamos ni en una cosa ni en otra. Y cuando volví en solitario, hubo gente que me dijo: “Qué pesado, si ya estás mayor”. Pero yo sigo en mis trece.

Luchando contra los aerogeneradores.

Una compañía de discos es una empresa y, a final de año, no puede estar en números rojos. Pero es verdad que lo que vende es lo más hortera, deleznable y sencillo para la gente. Nuestra labor consiste en decir que no es todo así.

¿Qué tres bandas reivindicaría?

Radio Futura fueron fundamentales. En sus principios, Alaska y los Pegamoides dieron mucha caña y valoro su actitud. Y Siniestro Total o los Héroes, por el espíritu que había.

¿Incluiría a Gabinete?

Intentamos desmarcarnos y tener una personalidad propia. Hablábamos de cosas diferentes y teníamos una actitud castiza, de rock torero. Escuchábamos a los Clash y a los Ramones, pero no seguimos la moda de la nueva ola inglesa e hicimos una música más popular, que amplió el público. Nosotros hablábamos de Soria mientras Mecano hablaba de Nueva York.

¿Por qué versioneó Azzurro, de Paolo Conte?

Es la clásica canción fetiche de cuando era pequeño. Luis Aguilé hizo una versión en castellano, que fue tan popular como la de Celentano. Inconscientemente, El calor del amor en un bar tiraba hacia ahí.

¿Usted va camino de…?

Sigo el mismo que todos. El negocio está bastante jodido.

¿Qué o quién tiene la culpa?

Las nuevas tecnologías.

Siempre hubo cintas.

Es diferente. Se grababan para llevarlas en el coche, pero no era el mismo sonido. Ahora te grabas un cedé y el sonido digital es similar.

En una canción se ha inspirado en Fortunata y Jacinta, de Pérez Galdós. ¿Es un buen lector?

Sí. Estudié Filología Semítica y me interesa la novela española de toda la vida. No puedo con las matemáticas y los números.

¿Qué ha leído últimamente que le haya gustado?

Una biografía de Eduardo Haro Ibars. El título del disco, El muchacho eléctrico, procede de un poema suyo.

Hijo de Eduardo Haro Tecglen y fallecido.

Sí, es el poeta maldito de la premovida. Murió a los cuarenta y pico de sida.

No sólo falleció él sino también sus hermanos Alberto y Eugenio.

Alberto tocaba en Sindicato Malone y Eugenio, en Glutamato Ye-Yé. Los tres muertos…

Por cierto, una canción suya me recuerda a Camilo Sesto.

Es posible. A mí Camilo me gusta. Además de ser un personaje muy folclórico que ha trascendido como hortera, lo valoro como compositor.

(Publicado en el suplemento Fugas de La Voz de Galicia en septiembre de 2005)

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