Romano no paga a traidores

por Henrique Mariño

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Inconsciente o heroico, Romano Prodi ha preferido pasar por la piedra antes que hacer la cuenta del lechero, olvidarse de componendas e irse a casa con su mujer, Flavia, a disfrutar de su retiro boloñés. Inconsciente porque sabía que en el Senado no contaba con la mayoría suficiente para ver aprobada su moción de confianza. Heroico porque, a pesar de ello, intentó salvar su Gobierno hasta el último momento, aun intuyendo que su imagen iba a verse deteriorada en caso de derrota.

En cambio, si tomamos distancia de los hechos recientes, el adjetivo que realmente se merece el ex primer ministro italiano, verdadero aglutinador de la maltrecha coalición de centroizquierda italiana, es el de listo o cualquiera de sus sinónimos: perspicaz, astuto, avispado o, incluso, zorro.

Es la segunda ocasión que Prodi no es capaz de arribar al final de la legislatura, un demérito que se contrapone al hito de haber vencido en las urnas, también en dos ocasiones, a Silvio Berlusconi. En ambos casos, Il Professore ha claudicado por deslealtades de sus compañeros de viaje. En 1998, el protagonista de la caída fue el hoy presidente del Congreso y líder de la ortodoxa Refundación Comunista, Fausto Bertinotti. Ahora, si Prodi no hubiese llevado la crisis al Parlamento, ni el politólogo más agudo sería capaz de destapar a los traidores.

Obviamente, el líder del Udeur, Clemente Mastella, es el primero. Pero no el único, como pudo revelarse tras los votos emitidos por los senadores, uno a uno, en la Cámara Baja. Así, Prodi puso nombre y cara a los políticos que, al interno de su coalición, aprovecharon la enésima crisis de su Gobierno para hacer leña del árbol en caída libre, pero todavía no tumbado. A saber: los colegas de Mastella, a excepción de Cusumano, mundialmente conocido por el yuyu y sus quince minutos de gloria mediática; los liberal-demócratas de Lamberto Dini; Domenico Fisichella, radical independiente que concurrió en las listas de La Margarita; y el rebelde izquierdista Franco Turigliatto. Por no hablar, a pesar de que se trata de un senador vitalicio, de la abstención del padre de la patria Giulio Andreotti.

Un hombre de consenso entre comunistas y católicos

Romano no paga a traidores, más bien los desenmascara. En el fondo, tanto Dini como Mastella han vuelto al lugar de donde habían salido, ya que sus perfiles se sienten más cómodos en los bancos de la hasta ahora coalición de centroderecha que en La Unión, casa común de catorce heterodoxos partidos que Prodi, con su carácter de hombre de consenso, logró unir para presentarse a las pasadas elecciones.

Pero esa condición asimétrica, con la izquierda por desbravar tirando por un lado y con los católicos más pacatos haciendo lo propio en el otro extremo de la cuerda, es la que ha propiciado la rotura del pacto de gobierno, que Prodi presentó por escrito, en un sinfín de folios, cuando se puso al frente de un Ejecutivo que apenas ha durado veinte meses. La dolorosa paradoja a la que se enfrenta el dimitido primer ministro es que, tras fusionar primero con El Olivo y después con La Unión a comunistas y democristianos, precisamente un rojo y un beato han sido los que han cercenado su sueño político.

La derecha, en ese sentido, ha mostrado divergencias, pero el liderazgo de Berlusconi y las parcelas de poder concedidas a posfascistas, independentistas padanos y democristianos liberales, posibilitaron el Gobierno más duradero de la reciente historia italiana: una legislatura entera completó Il Cavaliere, sin descabalgarse del sillón, en un país donde los ejecutivos no duran más de un año de media.

Prodi acumula capital en Bruselas

Romano Prodi (Scandiano, 1939) tuvo que emigrar a Bruselas, donde asumió la presidencia de la Comisión Europea, para rehabilitarse políticamente de su primer fracaso en Italia y volver a intentarlo en 2006, pero con el prestigio comunitario acumulado durante cinco años. Il Professore (apodado así por su experiencia en las aulas, aunque sus críticos prefieren llamarlo El Mortadela, ya que su tierra es famosa por el graso embutido) lo intentó de nuevo y, aunque algunos analistas valoran el saneamiento de las cuentas públicas, sus logros fueron escasos, empezando por la ausencia de una nueva ley electoral que impidiese la dictadura de los pequeños partidos.

Es el caso del Udeur de Mastella, que tras verse envuelto en un presunto escándalo de corrupción, arrastró con su dimisión como ministro de Justicia al Ejecutivo directamente al abismo. Berlusconi se frota las manos, pues los sondeos de opinión, según él, le favorecerían en las urnas. Igual que a las formaciones minoritarias, ya que con la ley actual, por escasa representación que alcancen, seguirán teniendo opción a colarse de nuevo en el Parlamento.

La salida a tal embrollo y las perspectivas de un futuro desgobierno pasan por un Ejecutivo de carácter técnico e institucional que elabore un nuevo texto y, posteriormente, convoque elecciones (difícil, por no decir imposible, que lo presida el todavía primer ministro). O, directamente, la convocatoria a las urnas, que no arreglaría nada mientras no cambie el sistema para elegir a los parlamentarios.

El sueño del Partido Demócrata

Licenciado en derecho por la Universidad Católica de Milán y catedrático de Economía en Bolonia, su feudo político, Prodi era un hombre sin bases ni partido bien visto por las cabezas visibles que componían su coalición, sobre todo por los líderes de los poscomunistas Demócratas de Izquierda y los democristianos sociales de La Margarita, las dos grandes siglas de La Unión. Precisamente, uno de sus logros reside en la creación de un nuevo proyecto, el Partido Democrático, surgido de ambas formaciones al estilo de los demócratas estadounidenses y con la pretensión de echar raíces en Europa. Un paso hacia el bipartidismo que acabaría con el actual y problemático bipolarismo.

Está por ver, eso sí, cuál será su futuro, ya que su caída y consecuente vacío de poder ha minado la imagen del Professore, quien podría ceder el testigo del liderazgo del centroizquierda a un hombre con ganas, Walter Veltroni, que pasó de ser una promesa juvenil del histórico Partido Comunista Italiano a presidir la alcaldía de la capital.

Romano Prodi, como decíamos ayer.

(Publicado en ADN en marzo de 2008)

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