Bunbury: “Soy mucho mejor de lo que soy”

por Henrique Mariño

bunbury

Un globo terráqueo en la mochila: Bunbury, viajero impenitente, vuelve a subirse a su carromato ambulante para tocar mañana en el Festival do Norte. Después, tomando como punto de apoyo Vilagarcía, estirará el compás de sus piernas para trazar una circunferencia que lamerá las fronteras de Estados Unidos, México o Japón. Bajo las alas de su sombrero asoma un nuevo álbum, Freak Show, la huella sonora y visual de su última gira.

¿A qué responde la estética circense de su último espectáculo?

Tiene mucho que ver con lo que hacemos los músicos. El circo y la poesía son las dos únicas artes que están sin prostituir. Nadie se dedica al circo porque quiera ganar dinero sino porque le apasiona. Ni hay mentiras ni la fama nubla la vista. En mi profesión veo gente confundida a la que le interesa más la entrevista y las fotos que transmitir algo con una canción.

¿Por qué un quinceañero decide subir a un cuadrilátero?

Es un deporte muy unido a los bajos fondos y a salir del arroyo.

El arte, tanto ética como estéticamente, recurre al boxeo.

Visualmente, es atractivo y hermoso pero, de la misma manera que el fútbol es sólo un deporte, no lo considero artístico.

¿Cree que la fuerza es bella?

Lo natural en el hombre es la lucha contra la naturaleza: el animal, el acantilado, el mar, la meteorología y, por supuesto, contra el propio hombre, que es un guerrero.

Entonces, ¿toda la fuerza es bruta?

Existe una forma de violencia bella. Pregúntale a los chinos, que tienen el bushido o código guerrero de los samuráis.

Habla del circo y de la poesía como algo romántico.

Como algo no pervertido.

¿Le atrae lo decadente?

Me atrae lo verdadero.

¿Leopoldo María Panero es un loco, un iluminado, un genio encerrado en sí mismo?

Es una persona que tiene unas dificultades psicológicas pero también un poeta iluminado, muy lúcido y certero, dentro de su extraña locura. Me parece un poeta que rima con verdad.

¿Conoció a su hermano Michi?

No, pero Nacho Vegas, casi. ¿Has oído su última canción?

No, pero escucho a Quique González, algo que, por cierto, usted también está haciendo.

Sí, lo he ido a ver últimamente un par de veces. Bueno, pues Nacho Vegas ha hecho la canción El hombre que casi conoció a Michi Panero.

¿Parecidos razonables con Andrés Calamaro?

La fotofobia. Le quiero como persona y como artista. Es uno de los grandes.

¿El sombrero es una extensión de usted mismo o simplemente…?

Creo que para poder quitártelo tienes que ponértelo. Me gusta hacer el gesto simbólico de quitarme el sombrero delante de la gente que admiro.

¿Qué busca ahora mismo?

[Silencio] No lo sé, realmente. Honestidad en lo que hago y cierto grado de certeza, porque la razón absoluta me parece un fanatismo. Me gustaría llegar a parcelas de verdad. Y, antes de retirarme, hacer un disco bueno en mi vida. Una obra entera, porque en casi todos mis álbumes hay alguna cancioncilla que está bien y que puede aguantar la criba de los años. Pero querría crear una obra como la de la gente que admiro: el último disco de Vegas o el Honestidad brutal de Calamaro me parecen muy buenos.

¿Qué opina de El Salmón, en el que usted colaboró?

Es fantástico. Posee la grandeza de la desnudez de Andrés. Es un disco de textos que debería escuchar la mayoría de los músicos españoles, porque casi todos los que oigo por ahí, incluso los indies, no contienen textos. Los cabrones no tienen nada que decir y se meten a grabar.

¿Algún clásico tapado digno de reivindicar?

Escucho mucho a Leonard Cohen, a Johnny Cash y a Roberto Goyeneche, el mejor cantante de tangos de todos los tiempos. Y que me perdonen los fans de Gardel, que yo también lo soy, pero Goyeneche es el Dylan del tango.

¿Qué hay que echarle al asunto para cantar uno?

Poca vergüenza. Andrés tiene una ventaja: el acento. Y yo lo tengo maño, que no ayuda. Es una disciplina muy necesaria para alguien al que le guste cantar y llegar a otros lugares. Es un aprendizaje, una lección por la que hay que pasar. Me gustaría, en algún momento de mi vida, hacer un disco de tangos. Pero todavía no sé ni la mitad de la mitad de lo que debería.

¿Cuál es el viaje que le ha marcado más?

Hay tres países en el mundo que salvaría de la bomba atómica: México, India y Marruecos.

¿Y Suiza?

Sería de los primeros que podrían caer. Pobres suizos, pero de los Pirineos para arriba no hay ningún país que me emocione lo más mínimo.

Tras dejar Héroes del Silencio, graba Radikal Sonora en solitario. ¿Cómo se sintió al terminarlo?

Muy incomprendido. Increíblemente, creí que llegaba a la electrónica tarde. Pero la verdad es que, en España, a lo mejor llegué demasiado pronto.

¿Pero no considera que con el paso de los años y de los discos se ha revalorizado musicalmente?

No me preocupa. Mi presente va a ser pasado dentro de nada y cualquier tiempo futuro será mucho mejor. Lo único que me alegra es que haya gente que me haya descubierto con Pequeño cabaret ambulante.

Salvando las distancias, ¿cree que a Héroes le pasó lo que a U2, que era un grupo muy revindicado pero también…?

Denostado. Sí, pero no fuimos tan buenos como nuestros fans decían ni tan malos como nuestros críticos opinaban. Éramos muy críos e hicimos muchas tontadas, pero los grupos con esa actitud deberían ser siempre bienvenidos. Si no, nos encontramos con un panorama plano, aburrido, comercial, manejado por los medios, artistas sometidos y sumisos, operaciones triunfo y cantantes melódicos que imitan a Ricky Martin.

¿Dónde está la salida?

¿La salida? ¡El punk! ¡El punk! Necesitamos tachuelas, patadas en los cojones y gente que toque las pelotas. Un grupo no puede ser sumiso ni sonreír en las putas fotos porque no le hace ningún bien a la música. Una de las grandezas de Héroes, que reivindico, era lo que más se nos criticaba: ser unos tocapelotas.

¿Tocaría en una audiencia privada para el Papa?

Depende de lo que pague. ¿Cuánto? Mi caché es muy alto, se lo advierto.

30.000 euros.

¿Eso sería?

Cinco millones de pesetas.

Poco. Que siga subiendo.

¿Qué tres cosas se llevaría a una isla desierta para luego intentar perderlas en mil naufragios?

En Robinson hablo de cualquier objeto material que te puedas imaginar, pero prefiero llevarme a un ser querido, a mis gatos o a mi chica.

¿Tiene hijos?

Que yo sepa, no.

¿Preferiría tener una cría o un crío?

A mí me gustaría tener 120 hijos. Una tribu. Menos de diez me parecen pocos: es onanismo. Más de diez son para poblar la tierra.

¿Merece la pena traer una criatura al mundo conforme está el patio?

Para traer una, no traigas nada. Con diez sí que podemos hacer algo. Por lo pronto, un equipo de fútbol.

Pero eso sería después del Apocalipsis, ¿no?

Si alguien está pensando en una bomba atómica, que cuente conmigo para repoblar la tierra. Me apunto.

¿Cómo será Judas, su álbum para el 2006?

Espero hacer un disco de rock de patadón: con mucha actitud y poca instrumentación.

¿Ha vuelto a tocar la batería?

Me compré una hace nada y he recordado que se me ha olvidado.

¿Por qué decidió montar una editorial?

En Chorrito de Plata editamos libros de jóvenes zaragozanos que no pueden publicar en las editoriales establecidas.

¿Se salva Amaral de la quema a la que se refería antes?

Depende de ella. Siempre he creído en Eva y puede dar mucho de sí, aunque está mirando al lado equivocado. Juan y ella tienen talento para hacer algo mucho más profundo pero, y lo digo con todo el cariño del mundo, están todavía en la superficie.

¿Cuánto mide su ego?

Mucho menos de lo que la gente se piensa. Yo tengo ego artístico porque creo que puedo hacer cosas mejores de las que hago actualmente. Soy mucho mejor de lo que soy.

¿Le dolería que una recopilación de Héroes vendiese más que tu disco en solitario?

Eso sería mirar en la dirección equivocada: lo que importa es la calidad, no la cantidad. No sé si sabes de vinos, pero es como si tú le dices a 904 que vende infinitamente menos que Marqués de Riscal. ¿Y?

¿Conoce el Emilio Rojo?

No, pero a ver si lo encuentro cuando vaya ahora a Galicia.

¿Por qué motivo estuvo vetado seis años en Santo Domingo?

En la edición americana de Radikal Sonora se recomendaba escucharlo a un volumen fuerte, con cascos y tras liarse un petardito. La comisión antidroga prohibió el disco, los conciertos y me expulsaron de la isla. Me enorgulleció y me pareció ridículo.

¿A qué huele el tango?

A mate, a sexo de mujer y a merca.

¿A Maradona no?

No sé cómo huele, la verdad [risas]. El fútbol no me va mucho, pero si Andrés dice que es una gran persona, le creo.

¿Nacho Vegas o Iván Ferreiro?

Los dos han hecho un disco fantástico.

¿Motivos para ver Freak Show?

Es el directo más bonito que he hecho, con mucho feeling, sin aspavientos: un disco de músicos pasando un buen rato. Me veo más cerca de Van Morrison que nunca.

¿Por qué tantos discos de remezclas y directos?

John Lee Hooker es un referente. Tiene una discografía totalmente desordenada, que responde a un músico de jazz que revisa continuamente su repertorio. Hay canciones que se van quedando olvidadas y hay que darles una vuelta para que salgan de esa lata de conservas que acaba siendo un cedé. Si no, habrían muerto para siempre.

¿Se imagina con setenta años haciendo música?

Me gusta la música que envejece bien. Para eso hay que buscar fórmulas diferentes a las juveniles: publicar más discos, conceder menos entrevistas, hacer menos el gilipollas. Me veo más como Van Morrison o Dylan que como Mick Jagger.

¿Qué tal su experiencia en Galicia?

Pues hasta hoy han sido rayas y centollos, pero a partir de ahora espero que sea Emilio Rojo.

Pregunte, porque es un ribeiro óptimo.

Galicia me ha tratado muy bien, cuento con amigos y he tenido buenas experiencias en conciertos y con la gente.

Pues nada, encantado.

Oye, ¡qué buenas estaban las aceitunas, que me las he comido todas!

(Publicado en el suplemento Fugas de La Voz de Galicia en mayo de 2005)

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