Méndez Ferrín: de lo mágico y lo trágico

por Henrique Mariño

FerrinFoto: Zaldi Ero

Casi medio siglo después de comenzar a dar clase, Xosé Luís Méndez Ferrín (Ourense,1938) se seguía sintiendo un profesor que escribe. Su obra, espaciada en los últimos años, ocupa un lugar prominente en los anaqueles de la historia de la literatura, aunque O Ferro siempre ha rehuido los cenáculos y la repercusión más allá de sus fronteras nunca fue la merecida. “Quizá porque con los grandes escritores que desarrollan un proyecto literario tan ambicioso, diverso y unitario resulta difícil comprender una parte separada del conjunto al que pertenece”, justificó Ángel Basanta, exponente de una crítica que lo ha respetado.

Maestro del relato, verso explosivo, el ourensano también ha sido aclamado por los vates de la meseta: “Cuando yo era un mozo, tú escasamente pasabas de chiquillo y, por alguna disparatada causa, ya estabas hecho un poeta entero y grande”, le confesó Antonio Gamoneda, siete años mayor que él, en una carta reproducida en el prólogo de Poesía fundamental (1967-2005), una magnífica antología bilingüe publicada por Calambur. A Ferrín no le hacía gracia la posibilidad de que se editasen sus Obras completas porque se consideraba, cumplidos los setenta y jubilado del Instituto Santa Irene de Vigo, demasiado joven.

Es, sin embargo, un escritor moderno. Ya en la década de los sesenta, como mascarón de proa de la Nova Narrativa, tenía un ojo en la producción literaria europea, aunque su virtud consistió en aunar aquella vanguardia con la tradición de su tierra, excavando en la misma hasta llegar al género artúrico. Comedido en la maratón de la novela, desde Con pólvora y magnolias (donde el amor yace con la proclama revolucionaria) hasta Contra Maquilero (una oda anticapitalista), rubricó la hoja de ruta de la poesía del compromiso, entendido como político. Gamoneda lo llamó “materialismo histórico-visionario”.

Porque la vida y obra de Ferrín, que llegó a presidir la Real Academia Galega, se funden cuando se dobla el pliego. Fundador en 1964 de la marxista-leninista UPG (que aún hoy ejerce de ortodoxa columna vertebral del BNG, el partido de masas nacionalista), el autor de En el vientre del silencio sufrió la cárcel en varias ocasiones, una de ellas porque la policía franquista consideró como propaganda ilegal un libro inédito sobre el maquis que le requisaron en su casa. Independentista hasta la médula, también abordaría a los guerrilleros antifranquistas en Arraianos, el libro que nos ocupa.

Publicado originalmente en lengua gallega, como el resto de sus textos, acaba de ser rescatado por la editorial asturiana Hoja de Lata, que recupera la traducción al castellano que había hecho Luisa Castro para Ronsel en 1994. “Debutamos con este libro de relatos porque encarna toda la filosofía de nuestro sello, que busca ofrecer obras sorpresivas de escritores desconocidos para el gran público. Y Ferrín lo cumple a la perfección: es un autorazo comprometido con su tiempo, cuya obra marca la diferencia por su altísima calidad y por su su estructura compleja, con historias diferentes entre sí y muy elaboradas”, explica su editor, Daniel Álvarez.

Propuesto en su día para el Nobel, en Arraianos transita por La Raya, una frontera difusa entre Galicia y Portugal por la que campan meigas, falangistas, niños con cuernos, maquis, contrabandistas, poseídos y posesos. Tierra de nadie poblada por seres atenazados por la superstición, hasta el Tratado de Lisboa fue un limbo geográfico en el que sus habitantes podían elegir la ciudadanía española o portuguesa. Esa disputa por el mojón también se refleja en uno de sus diez relatos, cuyo tiempo va desde la primera guerra carlista hasta las cunetas del franquismo.

“Alegoría nacional del devenir del pueblo gallego”, en palabras de Basanta, en ellos confluyen lo real y lo fantástico, lo simbólico y lo terrenal. Realismo mágico y trágico, pues Ferrín aprovecha la ambientación de los cuentos en un espacio mítico, imaginario, siniestro y alucinado para dar cuenta ya no sólo de la represión ejercida por las altas esferas del poder sino también del abuso mezquino y ruin cometido por los desgraciados sobre los desheredados. En definitiva, prosa de denuncia trazada por el compás de la excelencia.

(Publicado en la revista Números Rojos en enero de 2014)

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