Los Enemigos: la sangre aún me hierve

por Henrique Mariño

los-enemigosFoto: Mili Sánchez y Oscar Carriquí

El grupo español más castizo recluta a sus amigos para grabar su primer disco en directo entre Granada, Madrid, Valencia y Santiago. Éste es el diario de ruta.

El marketing nació en Malasaña. Mucho antes de que las grandes superficies colocaran los superventas junto a las cajas registradoras, un grupo madrileño halló una castiza y original fórmula para vender su debut. En el bar Velarde se despachaba Ferpectamente, caña de cerveza y tapa de chorizo incluidas, por un módico precio: 1.000 pelas. La estrategia dio sus frutos (10 discos, dos B.S.O. y una retahíla de rarezas y colaboraciones varias desde 1985), aunque aquella banda, Los Enemigos, no pasaría de vender una cantidad de elepés maja, pero claramente inferior a su calidad.

La paradoja es que si cada persona que asiste a un concierto comprase su CD, el cuarteto coleccionaría discos de oro. Extraños resortes de la industria al margen, ahora podría darse el caso. Granada, Madrid, Valencia y Santiago de Compostela han sido las plazas donde Los Enemigos ha grabado su primer disco en directo, Obras escocidas, 1985-2000 (Chewaka/Alkilo), a la venta el 12 de febrero: un repaso a la discografía enemiga en 37 canciones, de la mano de colegas como Julián Siniestro, Rosendo o Los Planetas. La Luna tiró de carretera y manta para dar cuenta de los pormenores de una gira protagonizada por espontáneos plastas, cursos acelerados de inglés, litros de tónica y soledades de escalera de hotel. Bienvenidos a la máquina del tiempo de Los Enemigos.

Granada, conexión interestelar. Sala Industrial Copera, 28 de octubre de 2000, psicodelia en el escenario. Fino ha reclutado a Los Planetas para un experimento conjunto. «Jota estaba acojonado porque es muy así. “Yo no sé cantar”, dice. “Mira, Jota, tú siente la canción, no la tienes que hacer como Josele. ¿Cómo vas a desgarrar tú la voz? Hazla tuya y cántala a tu manera”. Ha quedado muy bien. Incluso me ha dicho Josele: “Jota es de las pocas veces que ha estudiado”».

Josele Santiago (voz y guitarra), Fino Oyonarte (bajo y coros), Manolo Benítez (guitarras) y Chema Animal Pérez (batería) no están solos. Les acompaña un vigués afable con pinta de bonachón con un currículo muy lucido: al mando de teclado y guitarras, Pablo Novoa, ex Golpes Bajos y La Marabunta; músico de Los Ronaldos y Julieta Venegas… La sala, metalúrgica y trallera, hasta los topes. Alternando temas cerveceros con composiciones más intimistas, la apoteosis colectiva se desata con John Wayne y Septiembre. Josele, un santo, se deshace como puede de una corpulenta chiquilla que consigue subir al escenario en dos ocasiones. En la última, esquivando a los técnicos, logra darle un beso al cantante más abstemio del país.

Josele ya no bebe. «He notado las papeleras más llenas. Le doy más vueltas a las canciones. Hace tiempo, las daba antes por terminadas». Rafa Fustes, encargado del Flamingo (bar-refugio enemigo) no verá peligrar sus reservas de whisky: «Estaba harto y ya toca disfrutar un poco. Como la sobriedad es algo bastante nuevo, me paso el día flipando. Ahora no sé cómo voy a terminar la jornada y eso motiva bastante. Recuerdo que una vez me invitaron a un viaje por el desierto de Mauritania y tuve que rechazarlo. ¿Qué iba a llevar en la mochila? ¿Cuarenta botellas o qué? Básicamente, he conseguido libertad». Así nació Tengo que hacer los deberes, el único tema inédito. «Está parido en casa de Cristina, mi chica, en Santiago, donde paso la mitad del año. Es la primera canción que he compuesto después de beber. Y de ello trata: es una despedida de los bares, mayormente. Ahora entro en alguno, pero en seguida me aburro. La tónica llena mucho».

Pongamos que graban en Madrid. Sala La Riviera, 4 de noviembre, hermandad bajo las luces. Una docena de personas presencia el ensayo de Rosendo. A su izquierda, castizo y cheli, Josele luce gorra de pana, camisa de cuadros y ceniza kilométrica. «Nos falta por ahí un gallego», vocifera alguien. Julián Hernández comienza a afinar su armónica. «Fucking man. Esta grabación no vale», grita Fino. Son las nueve en el reloj. En el camerino, Chema golpea sus baquetas contra un sillón. Fino, nerviosísimo, desaparece antes de salir a escena: «He meado cuatro veces en 10 minutos». Cristina llama por teléfono a Josele. Manolo se frota los brazos. Chema se cuelga ahora del ropero para hacer flexiones. «Vamos», se escucha en el pasillo.

Lo ocurrido a posteriori está reflejado en las críticas musicales: La Riviera, abarrotada por un público fiel entre los 18 (en las primeras filas, luciendo camiseta y raspa) y los 40 años (asiduos de Rockola); el sonido y las luces, notables; caña y poesía turbia en el escenario; abajo, el delirio; de rodillas y con los brazos en alto, Josele agradecido.  Además de Rosendo, el más aplaudido de toda la gira (dos orejas y rabo), en esta plaza también triunfó Julián (un par de apéndices). Más marciana fue la versión naïf que Ajo (Mil Dolores Pequeños) hizo de Paquito (ovación). Artemio Pérez, ex batería y fundador de la banda, aportó su ramalazo surrealista y se llevó una oreja. «Es curioso pero, hasta hoy, Los Enemigos jamás habían tocado Juan Valdés en vivo».

Quizás él recuerde bien al Josele adolescente en busca de guitarra y grupo. José Luis Santiago Romero (Madrid, 1965), hijo de emigrantes andaluces, se pasó por Johnny Comomolo y los Gánsters del Ritmo, Cucharillas Completas, Glutamato Ye-Yé y The Nativos, antes de dar con Artemio y Roberto. Ser el último de la fila provocaría que hoy esté considerado, probablemente, el mejor guitarra del país. «Un día me encontré con una cola de gente en el Prado. Pregunté y me dijeron que era para apuntarse al IX Trofeo de Rock Villa de Madrid. Yo no contaba con cantar ni p’a hostias». Pero, como no quedaba otro remedio, así fue. El primer premio fue suyo, lo que les abriría las puertas del Agapo y otros tugurios. Un año después, en 1986, editarían FerpectamenteUn tío cabal y La vida mata les situaban como la banda madrileña por excelencia, con permiso de Leño y Burning. Las drogas y todo eso… El resurgir de Gas en 1996. La cuidada producción de Nada y, ahora, una obra que recoge 15 años de escozores y alegrías.

Valencia me mata. Sala La República, 18 de noviembre, decibelios en el polígono. Jorge Ilegal pide auxilio en el backstage: «¿Alguien tiene una aspirina?». «Tómate esto», le dice una tía ofreciéndole un whisky. «Me vale». Un trago y a ensayar John Wayne con su voz sin destilar. Manolo Benítez le acompaña con una acústica. Kike Babas y Kike Turrón (que han escrito una biografía del grupo), Álex Calvo Sotelo (que contará con el cuarteto para la banda sonora de su próximo filme) y Fino hacen los coros. Jorge parece un psicópata dando saltos. Álex recuerda cómo Josele cambió la letra de esa canción cuando le tiraron una botella en Barcelona: «Tu puta madre, / eres tu puta madre o lo soy yo». En el escenario, Josele dispara al público con el micrófono. Ya de retirada, un fan le espeta: «Eres un fenómeno».

El sol amanece para todos. En la sala Roxy, Loquillo no se creía que, tocando él también esa misma noche, Los Enemigos hubiesen llenado. Los Kikes ejercen de esponjas. A Fino le echan de todas las habitaciones del hotel y acaba en las escaleras: «Es que hacía mucho tiempo que no veía a Patacho Glutamato», se justifica Fino.

Menos mal que nos queda Compostela. Sala Nasa, 23 y 24 de noviembre, doble motivo de peregrinación. Raimundo Amador no ha podido acompañar a sus colegas por problemas de agenda. Comparecen Piti (Los Contentos), Miguel (Los Marañones) y, por sorpresa, Julián Hernández. Inexplicablemente, toda la familia enemiga termina hablando un inglés de Parla menos Mark, un pintor neoyorquino invitado por Fino, el único que se expresa en español. Después de zamparse un cocido nada más entrar en el bonsai atlántico, alucina por partida doble con la expectación generada por la banda. Junto con el de Madrid, estos últimos han sido los conciertos más entrañables: «Se dice que no se es de donde se nace sino de donde se pace. Yo soy medio compostelano y la gente lo sabe. Más de un verano, si no es por la gira de Galicia, nos morimos de hambre», confiesa Josele. «Pues eso, aquí estamos, a ver si sale el disquito. Dios mediante».

LOS AMIGOS INVITADOS HABLAN DE LOS ENEMIGOS

Florent (Los Planetas). «Siempre hemos sido fans. Es una banda de rock and roll impresionante, el único grupo español con sentido de la profesionalidad. Demuestran como nadie los años que llevan tocando. Sacar este disco supone un reconocimiento a su carrera. Es un honor tocar con ellos en Granada. La conexión Planetas-Enemigos ha salido de puta madre».

Jota (Los Planetas). «Lo que más envidio de Los Enemigos es que son músicos buenísimos. Técnicamente, increíbles, porque nosotros somos muy malos. Tienen un repertorio magnífico. Nos invitaron a tocar y encantados».

Julián Hernández. «Es uno de los pocos grupos que tiene fans militantes de base. Este disco era una necesidad. Su discografía le da una solidez al directo que te cagas, porque se han planteado una carrera larga y no un pelotazo. Hicimos una apuesta: el primero que consiguiera un disco de oro debía pagar una juerga. Siniestro Total lo consiguió antes, pero no pagamos. Josele quiso que cantase Dónde, que me pilla de cerca, por eso de “un muchachote con una buena novia”. Me ha colado la canción como un gol».

Rosendo. «Me gusta su forma de hacer, el sentimiento que le ponen y el convencimiento que tienen. Podrían vender el doble si hicieran un mínimo de concesiones. No las hacen porque no las consideran, eso es lo más grande. Es el grupo más representativo del rock madrileño: Josele canta con un descaro y un deje cheli total. Si no estuviera en mi historia, me gustaría ser un elemento de Los Enemigos».

Artemio. «Representan la vida al otro lado de las listas de éxitos. Está muy bien que se pueda sobrevivir sin entrar en esas cosas, muy chungas para los músicos. La autenticidad es vivir de lo que haces. Al final, es lo que prima».

Ajo (Mil dolores pequeños). «Paquito es una canción preciosa; se la he tenido que robar a Josele. Llenar salas y no vender más es una paradoja de la industria, pero las compañías lo tienen como un grupo de prestigio. No apuestan lo suficiente, y lo digo por Javier Liñán (Chewaka)».

Patacho (Glutamato Ye-Yé). «Los inicias, los presentas, los juntas, hacen un grupo que es la hostia y, encima, se acuerdan de eso y te llaman para que colabores con ellos. No estaba tan equivocado cuando dije: “Estos tíos valen”. Además, Josele está aprendiendo a cantar después de 15 años. ¡Por fin!».

Jorge Martínez (Ilegales). Los Enemigos es uno de mis grupos favoritos y John Wayne, mi tema preferido. Cuando la canté me dio un subidón de la hostia. Me gusta por lo irracional que tiene. Era lógico y normal que sacasen un directo».

Miguel Bañón (Marañones). «Su directo es tan bueno que parece que en estudio falta algo. Se ha rescatado el calor del público y la voz de Josele».

Piti Sanz (Los Contentos). «En Santiago, la banda sonó muy bien, el público estaba entregadísimo y la sala, a tope. Llevan tanto tiempo al pie del cañón que no tienen que demostrar nada».

Pablo Novoa. «La experiencia ha sido cojonuda, aunque me quedo con el concierto de Madrid: potente, apoteósico, con mucha tensión. Es de cajón que hagan un disco en directo: hay que tener muy mala leche en el cerebro para pensar que no se les ocurre nada».

(Publicado en el suplemento La Luna de El Mundo en 2001)

______________________________________________________________________

Estoy en TwitterGoogle+ y Facebook

Anuncios