Enrique Morente: “Soy la voz de los huesos, el mestizaje y la libertad”

por Henrique Mariño

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No se entendería la reciente colaboración entre los experimentales, ruidosos y neoyorquinos Sonic Youth y el cantaor granadino Enrique Morente sin una obra rompedora y vanguardista, Omega (El Europeo, 1996), que puso en jaque la estabilidad auditiva y emocional de los puristas empeñados en sumergir los palos clásicos del flamenco en formol. El maestro, cuya garganta había respetado desde sus inicios musicales los cánones del cante jondo, vuelve a las andadas, o sea, a la vanguardia: concierto con la juventud sónica en Valencia (que nos retrotrae al glorioso experimento entre El Ronco del Albaicín y la maquinaria roquera de Lagartija Nick) y nuevo álbum, Sueña la Alhambra (Virgin, 2005), que también ejerce de envoltorio sonoro del documental homónimo de José Sánchez Montes. Como dijo en su día Antonio Arias, ideólogo de Lagartija, no hablamos de fusión sino de fisión. Una vez más, eterno Morente.

¿Se ha sentido más apreciado en el extranjero que en España?

Sí. Se comenta que aprendí a cantar en las cuevas del Sacromonte, en el barrio de Triana o en las calles de Jerez, pero siempre digo que lo hice en México.

¿Cómo?

Uno no aprende a cantar hasta que controla la inspiración, y ésta no viene si no hay estímulo. Para eso, la gente tiene que creer en ti. Y eso me ocurrió en México, en un tablao que abrió Juan Ibáñez, discípulo de Buñuel.

¿Cómo fueron sus comienzos en la capital?

Un inmigrante que llega a cualquier ciudad del mundo es una especie de ciego hasta que encuentra su centro. Yo soy un cantaor muy de Madrid, porque me hice en esta ciudad.

Ha tocado en grandes templos de la música. ¿Cuál le infundió más respeto?

No olvidaré mi concierto en el Symphony Center de Chicago, porque me emocioné con un cuadro de Renoir que estaba en el museo de enfrente. Me había pasado con los bocetos del Guernica, pero no pensé que ocurriría con un cuadro que refleja a una mujer y un niño en un parque.

¿Le conmueve más la pintura, la poesía o la música?

Las tres cosas, porque creo que son iguales.

En Sueña la Alhambra, ha tenido que trabajar a partir de unas imágenes, por lo que tuvo que situarse en una diferente perspectiva a la hora de afrontar el proceso creativo, ¿no?

Es cierto, aunque ya tenía esa inspiración. He procurado conjugar el clasicismo del cante jondo y la exigencia máxima de los cánones con el desenfado y el atrevimiento de hacer lo que me apetecía en ese momento. Esa libertad me la ha dado la Alhambra.

¿Qué se esconde en ella?

Muchos misterios.

En este disco sigue jugando con la mixtura del flamenco y otros géneros. ¿Hay algo del Omega en él?

Subconscientemente, sí. Tenía un tema preparado para hacer una colaboración con Sonic Youth.

Al final no se grabó, pero ha actuado con ellos.

Cuando los vi por primera vez, me gustaron muchísimo, porque mezclan el atrevimiento más anticonvencional con la calidad de la afinación y del arte. Es decir, la tradición y la traducción.

Una apuesta atrevida, aunque su trabajo con Lagartija también fue explosivo y rompedor.

Es una continuación y un discípulo de ese sonido.

¿Cómo describiría su voz?

Soy la voz de los huesos, del mestizaje y de la libertad.

Ha llegado a mucha gente a la que no le gusta el flamenco. ¿Por qué Morente tiene esa pátina de cantaor moderno?

Me interesa que el flamenco sea abierto y no pertenezca sólo al folclore. La música debe trascender y llegar a la mayor cantidad de personas posibles. No me gustan las élites ni la música para expertos.

Siempre dice que su obra nace en la barra de un bar.

A mí, los proyectos válidos me han salido tomando copas. Las farras son mis alas para crear, porque estás desinhibido y creas, y vuelas, y sueñas. Dices muchas incongruencias y barbaridades, escuchas a todo el mundo y parece que todos te escuchan. Nunca he hecho ningún trabajo poniendo los codos en la mesa del despacho.

Ha navegado por la música sufí y por los ritmos árabes. ¿Cuál es su relación con el flamenco?

Es el Mediterráneo… La gente mira debajo de la cama y dentro del armario para encontrar el origen del flamenco, pero sólo hay que pensar que África está a catorce kilómetros de Tarifa.

¿Puede surgir un flamenco en cualquier punto de la geografía española si lo lleva en la sangre o…?

En la sangre no se lleva nada. También pensamos que los sentimientos están en el corazón, pero es un miembro más, como un dedo meñique. No me gusta asimilar el flamenco desde la perspectiva del pañuelo, el traje azul y la corbatica.

¿Dónde habitan los sentimientos?

En el arte, parten de la sensibilidad. Es como el duende en el flamenco, que significa la capacidad de transmitir el arte con un grito, una voz o un susurro.

¿Qué le parece Lágrimas Negras?

Muy bueno. En él no hay cante, pero está la voz del cantaor.

¿Un maestro?

La lista es innumerable, aunque en el flamenco no existe el maestro, sino el discípulo. Es difícil encontrar a alguien que te explique qué tienes que hacer y cómo. Por eso hay múltiples escuelas de baile y guitarra, pero apenas escuelas de cante.

¿Quién ha venido a sustituir a Camarón?

Artistas como él son insustituibles. ¿Quién releva a Velázquez, a Picasso o a Renoir? Son casos extraordinarios, sui generis, que no se repiten.

¿Por qué Lorca?

Miguel Hernández me hace leer, pero Lorca me enseña a entusiasmarme con la poesía. Cuando llegué a Madrid, tropecé con maestros de cante y con otros amigos, que me llevaron a esos autores. Soy autodidacta: es la intuición la que te lleva a juntarte con un delincuente o con un poeta.

Cohen: ¿músico o poeta?

Es más poeta, pero él proyecta igualmente música, pintura y espiritualidad. No me extraña que se haya encerrado en un convento. Le voy a pedir la dirección para entrar, pero tiene que ser con una condición: me tengo que llevar vino tinto de La Mancha.

¿Cómo entiende que un purista considere la fusión como algo corrupto?

La pureza la tiene el que la posee, y no se pierde. Respecto al cante clásico, he sido un investigador y le he dedicado toda mi vida. Por eso, no me van a enseñar esos señores a mí qué es el cante jondo.

(Publicado en el suplemento Culturas de La Voz de Galicia en noviembre de 2005)

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