Allariz

por Henrique Mariño

allarizFoto: allariz.com

Cuando Anxo Quintana se despertó una mañana después de un sueño intranquilo, se encontró sobre su cama convertido en alcalde de Allariz. Corría el año 1989 y su villa atravesaba por una situación kafkiana. Tres alcaldes populares en dos años, un presupuesto irrisorio de 82 millones de pesetas, 3.000 hectáreas de monte pasto del fuego, un río Arnoia fétido y sus gentes, desencantadas, en el exilio de la emigración. Manifestaciones, encierros y motines populares acarrearon la dimisión del equipo de gobierno, del Partido Popular. Los suplentes, entonces, nombraron regidor al candidato del Bloque Nacionalista Galego. Comenzaba la metamorfosis de Quin.

Diez años más tarde, Allariz nada tiene que ver con la localidad que agonizaba a la sombra de Ourense. Una gestión municipal impecable ha transformado un pueblo moribundo en la meca residencial de todo ourensano. Las cifras dan una idea gráfica de la prosperidad de la villa. El presupuesto de este año alcanza los 750 millones de pesetas, a los que habría que sumar otros 450 gestionados por cinco empresas municipales. Porque aquí hasta el autobús y el tanatorio son del Consistorio.

La empresa mixta de transportes, Allarbús, que da trabajo a siete personas y cuenta con cuatro microbuses y 11 líneas, solucionó los problemas de aislamiento de las parroquias. Medialsa (18 trabajadores) se encarga de la limpieza de montes y surte de combustible a una central térmica, gestionada por Allarluz, que emplea a siete vecinos. Y Reatur (cinco empleados) gestiona el programa turístico.

¿Pero es posible que un pueblo de 5.300 habitantes, de los cuales 2.200 viven en el casco urbano, cuente con parque empresarial, plan de desarrollo del comercio local, cámping de primera categoría, escuela hípica, oficina de información y turismo (5.000 consultas en dos meses y medio), residencia universitaria (10 plazas), rutas de senderismo, escuelas taller, red de espacios naturales, dotación de servicios a las parroquias, brigada de obras, radio, museos, plan de restauración de edificios y comercios, piscinas y áreas de esparcimiento? Sí. Su nombre es Allariz, está a 20 kilómetros de Ourense y su secreto reside en que no deja que una sola peseta caiga en saco roto: se aprovecha toda subvención de la Diputación, Xunta de Galicia, Gobierno central o Unión Europea. Y es que las relaciones que mantiene el Ayuntamiento (que actualmente emplea a 96 personas) con todas estas instituciones, sean del signo político que sean, son cordiales: Allariz se casa, si hace falta, de rojo, azul o amarillo.

Una de estas bodas ha motivado la puesta en marcha de una central de cogeneración (el combustible se obtiene de la limpieza de montes) pionera en Europa, con fines medioambientales. Un proyecto modélico que ha paliado los incendios, porporcionando a su vez energía eléctrica a la villa. Pero, sin duda, los alaricanos están orgullosos de dos hitos: el Premio Europeo de Urbanismo 1994, al que se presentaron 100 ciudades europeas (Berlín, Brujas, Oporto…) y el Ecoespacio de O Rexo, parido por el artista vasco Agustín Ibarrola, que guarda similitudes con el Bosque Animado de Oma (Vizcaya).

RODAJE. Sus alicientes fueron suficientes para que el director de cine José Luis Cuerda rodara en Allariz escenas de La lengua de las mariposas, basada en el libro de Manuel Rivas ¿Qué me quieres, amor? Es más, el príncipe Felipe visitó Allariz durante un viaje que efectuó por Galicia en el 98. Una vez allí, los vecinos se echaron a la calle para vitorearlo y él correspondió rompiendo el protocolo, subiéndose al allarbús. El carácter republicano de Quintana y el dominio político del BNG (obtiene un 70% de los votos) no fueron óbice para que los vecinos atendieran el llamamiento de la corporación (10 concejales del BNG y tres del PP). Allariz, una vez más, se convertía en parada y fonda de la realeza.

Porque fue aquí donde estableció su corte el suevo Alarico, quien le prestó su nombre a la villa cuando ésta se convirtió en capital de Galicia. Por sus calles empedradas pasearon Fernando III, Sancho el Bravo y Pedro el Cruel. Y aún hoy descansan en el convento de Santa Clara los restos de la reina Violante, mujer de Alfonso X el Sabio.

La potenciación del turismo como fuente de riqueza ha supuesto la irrupción de una nueva forma de ganarse la vida, por lo que el paro no supone una lacra social (174 parados en mayo, de los cuales 19 eran menores de 25 años). Buena parte de las 363 empresas dadas de alta en el Ayuntamiento se engloban en el sector servicios. En 1997 se crearon 97 sociedades, mientras que el año pasado se constituyeron otras 19.

Pero no todas las mejoras se han producido a nivel económico. Otros indicadores dan muestra de la calidad de vida existente. Sólo hay cuatro policías porque los delitos de faltas o contra la propiedad son anecdóticos (15 al año). La recogida de basuras es selectiva y da empleo a sólo dos barrenderos: en Allariz nadie tira un papel al suelo. Y desde hace 40 años sólo hay un sacristán. Quizá sea así porque Fernando Vázquez también ejerce de enterrador y barquero y no le gustaría emprender su último viaje en soledad.

Allariz sufrió un descenso poblacional atroz a partir de los años 60. Aquéllos que emigraron al País Vasco o a Europa vuelven puntualmente en Navidades y verano. Otros han regresado definitivamente o lo han hecho sus vástagos. Pero lo que llama la atención son los alaricanos de nuevo cuño, los hijos de la ciudad perfecta.

Es el caso de Antonio Alvarez (Barcelona, 1975), quien tras vivir 13 años en la Ciudad Condal se mudó a Ourense con su madre. Esta decidió establecerse en Allariz y montar la Pousada Torre Lombarda, un casa rural de ensueño. Fue entonces cuando un amigo lo telefoneó desde Trafalgar Square (Londres) y le preguntó: “¿Pero tú qué coño haces en Allariz?”. Tan sólo respondió: “Vente para aquí”. Así fue.

Carlos Seguín (Vitoria, 1976), también hijo de emigrantes, pisó el aeropuerto de Santiago y enfiló directamente la villa alaricana. Desde allí llamó a sus progenitores y les espetó: “Mamá, estoy en Allariz”. De eso hace ya un par de años.

COMERCIOS. Antonio y Carlos decidieron establecerse por su cuenta e inauguraron, con la ayuda del Consistorio, A Micalla, una vinoteca y tienda delicatessen de diseño en la Plaza Mayor. “La gente que abre un negocio lo hace con un cariño especial. ¿Has visto la frutería de Carmen? Parece de todo menos eso. Hasta hay vecinos que, sin gustarles el vino, vienen aquí porque nos quieren ayudar”, dice Carlos.

Si sorprende ver un local de este tipo en un pueblo tan pequeño, no pasa desapercibida la edad de sus propietarios ni su procedencia. Nunca habían vivido en la villa, pero se sienten alaricanos y se proclaman como tales. “Aquí todo el mundo es del Bloque y apuesta por Quin. Es una buena persona, un caballero y un tío joven, que eso ya dice mucho. El dinero no se ve en su coche, sino en el pueblo”.

Ellos, como muchos otros vecinos, se acogieron al plan de rehabilitación del casco histórico. Las ayudas para bajos comerciales son del cien por cien siempre y cuando el propietario del local se comprometa a alquilar el local a un precio tasado. En caso de que el dueño quiera montar su propio negocio, la ayuda es del 50 por ciento. El acondicionamiento de fachadas es gratuito, mientras que para las viviendas se otorga una subvención a fondo perdido del 40 por ciento. Quien no tiene su casa como un palacio es porque no quiere.

Si de algo pueden presumir es de la ribera del río Arnoia —la perla acuosa que disecciona Allariz con sus aguas límpidas—, de sus iglesias y molinos, de sus fiestas etnográficas y artesanía, de sus deliciosos melindres de almendra y de sus libros: Méndez Ferrín le dedicó su obra Arnoia, Arnoia y Marcial Suárez plasmó a sus gentes en El Acomodador y otras narraciones.

En este último relata Suárez que, durante una gran sequía, los feligreses le pidieron al vicario que hiciese unas rogativas para que lloviese. Este les respondió: “Si os dejaseis de rogativas y cavarais pozos…”. Tardaron en cavar, pero desde hace una década no dejan de realizarse obras.

REHABILITACIÓN. Han sido los propios jóvenes del pueblo quienes acometieron el lavado de cara de la villa. A principios de los 90, los aprendices de la escuela-obradoiro Ziralla llevaron a cabo una primera fase de rehabilitación. En el 96 y 97, el equipo Antonio de Remesal (compuesto por 36 jóvenes y cuatro módulos: cantería, carpintería, albañilería y forja) llevó a cabo una segunda fase, que incluía obras en la fábrica de curtidos de Vilanova, paseo del Arnado, Torre Lombarda y casco histórico. Labor que estuvo acompañada por una formación cultural que consistía en clases de formación para que los alumnos sin estudios obtuviesen el graduado escolar. Pronto aparecerán nuevas piquetas, aunque llueva a raudales.

La Edad Media dejó una huella indeleble en sus monumentos, pero Allariz parece una ciudad piloto propia de un siglo que está por venir. Ni Platón ni Tomás Moro llegaron a conocer la urbe perfecta. Lo han hecho viajeros anónimos que no engrosarán nunca los manuales de Ciencia Política. Los mismos que abandonan Allariz con la sensación de que se olvidan algo. Algo intangible e inmaterial pero que pesa tanto como una de las piedras graníticas salpimentadas de colores por la brocha de Ibarrola. Quizá, cuando lleguen a sus casas y escuchen sirenas de ambulancias y gritos en la noche, pensarán que todo ha sido un sueño ambientado en un reino encantado.

(Publicado en el suplemento Crónica de El Mundo el 25 de julio de 1999)

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