Bruno Galindo: mentiras que nos quisimos creer

por Henrique Mariño

bruno galindoFoto: Fernando Sánchez

Un periodista cuarentón en plena crisis existencial naufraga en un caldo revolucionario que lo lleva a la ebullición. Es el gancho argumental de El público, primera novela de Bruno Galindo, que no ha venido aquí para hablar precisamente del oficio, aunque también… Éste es su ABC de implosión generacional.

SPOKEN WORD

Pertenezco a una generación que, gustándole la poesía, estaba en pie de guerra contra esa cosa tan vehemente y coñazo del poeta sentado en su mesa, con su micro y su vaso de agua, declamando mientras todo el mundo está callado. Yo me imaginaba los textos de una manera más natural, experimentando con músicos.

POP

Hay miedo a hacer buenas letras, porque algunos músicos creen que están reñidas con la frescura. Astrud, en cambio, conjuga textos notables y sentido del pop.

NOVELA

No hay géneros mayores y menores, sino determinadas historias que se adaptan mejor a un poema, a un reportaje o a una obra literaria en prosa, dependiendo de la complejidad de la información que uno quiera transmitir. La novela para mí siempre fue una meta, asociada a una experiencia vital.

GENERACIÓN

Hablo de cómo se llevan entre sí tres generaciones. España no está libre de roces y choques entre ellas. Las hay de poder y de obediencia. He tenido presente la cultura de la transición, que ha ejercido de tapón; la taponada, que podría ser la mía; y la de gente más joven, que protagonizará, disfrutará y sufrirá un cambio fuerte, en caso de que se produzca.

JUVENTUD

Los jóvenes de esta tercera generación, si consideramos la cultura como un conjunto de conocimientos, informaciones y datos que tienen que ver con libros, películas y música, están menos preparados, son menos cultos y tienen menos referentes. Pero cada generación tiene su propia cultura y ellos poseen la suya.

EDUCACIÓN

La juventud ha sufrido un deterioro y un hundimiento bestial de la educación. Hoy ya no sirve la que recibimos hace 25 años. Pero los jóvenes no han fracasado, sino que se han desidentificado con un sistema educativo fracasado. En este contexto, es verdad que su interés por lo que llamábamos la cultura ha caído.

PERIODISMO

Hay dos fenómenos simultáneos. Por un lado, la desaparición o degradación de los contenidos culturales. Por otro, algo o alguien hace que creamos que podemos ser ricos y llevar esas vidas espléndidas que reflejan las revistas de lujo, que finalmente no nos han tocado a nosotros, sino a los países emergentes: árabes, chinos, rusos, brasileños…

VISIONARIO

El malestar del 15-M estaba en el aire. Cuando terminé la novela, la sentía incomprendida. Agentes y editoriales se encargaron de decirme que era inverosímil y tenía serios despegues de la realidad, cuando tenía pretensiones de ser realista. Finalmente, cuando creía que ya no se iba a publicar, porque me resultó muy difícil, pensé que había perdido su vigencia. Y resulta que no… La diferencia con el 15-M es que mi novela plantea el caos y la violencia, cosa que no ha ocurrido. Hasta ahora.

VIOLENCIA

Si nos fijamos en la historia, no hay cambio sin violencia. No ejerzo de profeta ni me hago el interesante, pero los cambios se producen a través de situaciones traumáticas.

15-M

Es una revolución de máximos. No sé cómo la gente puede hacer tan rápido un perfil de quiénes son los simpatizantes de un movimiento que tiene millones de adeptos en este país. Reducirlo a una protesta de la burguesía en defensa del Estado del bienestar me parece un argumento quisquilloso. Que proteste el que sea… ¿O tiene que ser de clase baja? El caso es que algo cambie antes de que sea demasiado tarde.

CLASE MEDIA

Parece que aquí los únicos corruptos han sido los bancos y los políticos, pero parte de la protesta se produce cuando no podemos vender duros a cuatro pesetas. Muchos integrantes de la supuesta clase media fuimos corruptos con la compra de vivienda. Nosotros también hemos alimentado la especulación.

INVOLUCIÓN

En algún comité maléfico se ha llegado a la conclusión de que la democracia no era rentable o sostenible, que la gente estaba demasiado bien y que aquí había que meter un meneo. Ésa es la lucha que se está dirimiendo ahora mismo: si la gente acepta el miedo o reivindica su autoridad como pueblo. Perder o ganar la batalla va a significar cómo vamos a vivir lo que nos queda de existencia: en una dictadura económica y tecnocrática, protagonizada por una involución estúpida de derechos y logros históricos; o de una manera que siempre será imperfecta e injusta, pero más cercana a lo que entendemos por libertad, tanto colectiva como individual.

REPRESIÓN

El recorte que están sufriendo las libertades es el gran tema que deben analizar ahora todos los sociólogos, filósofos, escritores, artistas y gestores del siglo XXI. Estamos ante el atropello final al individuo por parte del sistema.

AVATAR

Hay que confiar en la inteligencia colectiva. La identidad digital en Twitter proporciona la experiencia más fiel a la realidad posible si lo comparamos con la de los medios de comunicación tradicionales. Hemos escrito en prensa sobre temas como si fuesen la hostia, pero no sabíamos si al otro lado se percibía así o no. Ahora tienes un contador eficacísimo para saber si la reputación digital de alguien es justa o inmerecida. Aunque hay otros parámetros —como los estéticos—, filias y criterios subjetivos para medirla. No es la dictadura sino la democracia de las audiencias.

PUBLICIDAD

Los medios dependen de la publicidad y ésta, al mismo tiempo, los degrada y los condena a una cosa distinta a lo que quieren ser. Es el aguijón con el que se pica a sí mismo el periodismo y lo que está acabando con él. Pero la publicidad ya no está ahí, sino en las redes sociales y en internet.

MECENAZGO

Puede haber una cultura sin mecenazgo, aunque el periodismo lo tiene más difícil: la opinión, sí, pero hay informaciones que no se pueden conseguir si no se pagan. La cultura puede vivir del crowdfunding, o sea, de su propio público.

PRESCRIPTORES

Los prescriptores de información y cultura siguen siendo necesarios, pero ahora mismo somos nosotros mismos, no los periodistas. El público se autoabastece de la información que necesita a la hora de elegir.

MORENTE

Omega es el gran disco de fin de siglo. Morente era un genio por su gran capacidad de escucha, por hablar tantos lenguajes musicales y por su gran cabeza para entender todo lo que hacía como una única creación, incluso mucho más allá del flamenco. No creo que pudiese haberlo hecho sin Lagartija Nick. Borja Casani, el productor del disco, quería contar con Sonic Youth, pero la realidad era que los neoyorquinos no entendían nada y estaban demasiado lejos.

PERIFERIA

La absorción de las músicas de los barrios populares (cumbia villera, funk favelado…) puede verse como una dádiva estúpida de la burguesía o como una apropiación de un mundo urbanita inteligente. La música busca la salida y no puede estar acotada por quien la hace.

POESÍA

Los escritores, para el público, son un coñazo. Tienen que enamorar a sus hipotéticos lectores proyectando su relato de una nueva manera. Es muy interesante cuando vas a ver a un autor y no está sentado sino de pie, porque cambia la jerarquía, habla de otra manera y el discurso es diferente.

FUTURO

La distopía ya está aquí. Compra mañana el periódico y mira los titulares. Seguro que nos tienen preparado algo que es todavía más atroz que lo que nos han contado esta mañana.

(Publicado en la revista Números Rojos en el verano de 2012)

_____________________________________________________________________

Twitter / Facebook / Google+

Anuncios